Lo mejor para el grupo es lo mejor para mi

El ser humano es un ser social. Esta en nuestra naturaleza cooperar y apoyarnos en las demás para solventar los problemas a los que se enfrente nuestra raza. En os momentos cruciales son las sociedades que han potenciado las relaciones entre sus individuos las que prevalecen. Los sistemas individualistas en donde sus miembros luchan por el poder y viven en el hedonismo o autoritarios en donde el miedo marca el rumbo social se verán tarde o temprano sorprendidos por la diversidad y fracasarán. Pues el individuo es débil ante el poder tentador y la suprema lucha entre el dar y el tomar es constante en nuestro interior. Solo las sociedades conscientes de su naturaleza grupal, en donde sus individuos sirven a as demás de corazón, sobrevivirán.

Es tiempo de acuerdos.

Las decisiones unilaterales no pueden ser justas en un mundo tan superpoblado como ahora se encuentra el nuestro. Un acto egoísta, por pequeño que sea, desencadenará una onda; una sucesión de actos que otras cometerán y que darán la vuelta al mundo. Una vez se complete el círculo seremos destino de las consecuencias de este acto.

Actuar movidos por el bien común o por el interés personal, esta es la elección. Hablamos de nuevo de nuestro ego. Ese rasgo cruel; esa voz que constantemente toma y trata de monopolizar el atril de tu mente y ocultar tu intuición, tu voluntad de servir y la verdadera bondad que hay en ti. ¿La reconoces? Hablas con ella todos los días. En ocasiones la recriminas por alterar y exagerar la realidad, alterando y exagerando tus emociones. Otras veces en cambio te vuelves su aliada, apoyándola, dedicándole más y más tiempo y energía en tus pensamientos, acrecentando su poder de destrucción. ¿Aún no la reconoces? Esa voz que a la mínima oportunidad toma el control de tus pensamientos, justificándose en que tu eres superior. Esta es la voz que solucionaría todos los problemas de un plumazo si se te permitiese actuar. Es la voz que sabe lo que es mejor y lo que es correcto para todas las demás, pues con tu educación y tu experiencia no podría ser de otra forma. Es la voz que gusta de culpar a las demás por no permitirte avanzar. Si de esta voz dependiese todas esas personas que piensan diferente a ti no existirían; deberían morir y en su muerte sufrir el dolor y el castigo que se merecen por no estar permitiéndote actuar con la libertad que tu te mereces. Por que esta voz siempre tiene la certeza de que son los demás quienes limitan y coaccionan tu propia capacidad, para actuar como quieras, para pensar como quieras.

¿No es fascinante la grandeza de nuestra mente? Es un inconmensurable y precioso palacio en donde constantemente resuenan los ecos que generan decenas de entregados actores. Todos llevamos dentro a este tozudo buey que aterroriza con su mugido, se volverá salvaje, caprichoso y peligroso si no somos capaces de reconocerlo, encontrarlo y domarlo sabiamente. No es tarea fácil, pero si lo dejáramos campar a sus anchas podría destruir completamente el precioso palacio de que es nuestra mente. Bien amaestrado, nos llevará dócilmente y sin esfuerzo hacia el cumplimiento de todos nuestros objetivos.

Ninguna podemos enfrentarnos por si solas contra nuestros egos y salir victoriosas. Podríamos intentarlo, pero corremos el riesgo de avivar el fuego mientras creemos estar apagándolo. Afortunadamente no estamos solas. Si lo permites, siempre tendrás a tu alrededor muchas personas que te ayudarán ha hacer más pequeños tus demonios. Pero antes habrás de permitir que se te ayude y para ello debes ser humilde. Si eres capaz de ser empática, de reprimir la importancia que tu misma te das y desarrollar tu inteligencia emocional, podrás aprender de quienes a tu alrededor se encuentren y tomar lo bueno que en ellas se alberga. Si en estas personas reconoces tus mismos problemas, juntas podréis ayudaros a resolverlos. Si piensas que estas sola lo estarás, pero si decides abrirte a las demás no tardarás en descubrir el amor en sus, y en tu corazón.

Si alguien aparece para causarte dolor, cuando alguien te moleste, o la creas causante de tus problemas y malestares, detente. No permitas que tu monstruo tome las riendas y conduzca tus pensamientos. Acepta la ley del karma y recuerda que esta persona esta ahí para hacerte aprender algo. Una energía existe en tu interior que no esta fluyendo como debería. “Trasube” interiormente.

Abrirte a las ideas de las demás hará que tu monstruo se serene y se tranquilice, otorgándote de nuevo el dominio sobre tus pensamientos. Cuando en el grupo hay armonía, ninguna voz sobresale por encima de las demás, pues la conciencia del colectivo esta constantemente tratando de reducir la importancia que se da el individuo. Es muy fácil hablar con nuestros pensamientos, pero cuando hablamos de verdad, cuando la otra persona se encuentra enfrente de nosotras y somos capaces de mirarla a los ojos la cosa cambia. La fuerza del grupo puede ponernos en nuestro justo lugar.

Ubuntu: Yo soy por que nosotras somos.

10_Lo mejor para todas es lo mejor para mi

La tribu siempre cuida de todas sus miembros, en ella no existen los favoritismos. Todas las personas son esenciales, todas importan, todas se merecen nuestro tiempo y nuestra energía. A nosotras también nos gusta cuando las demás nos las brindan. Frente a las aptitudes egocéntricas y separatistas, una nueva visión colectiva de nuestra sociedad se ha de abrir paso en nuestra conciencia. No importa cuanto nos hayamos equivocado o cuan lejos hayamos llegado por la senda separatista. Nunca es tarde para volver al amor de esta gran familia que formamos entre todas.

Debemos de cuidar no caer en la soledad, pues ésta aísla y deprime; viene bien a veces, pero no para siempre. Los grupos tiene la capacidad de acoger y hacer crecer a sus individuos, pero solo si sus individuos están dispuestas a decrecer. Como el agua, deberás dejarte fluir. Cuando varias personas se unen para llevar a término un proyecto, la energía, las ideas, las habilidades, las manos, los recursos… todo se incrementa exponencialmente. Siempre y cuando el grupo navegue en la misma dirección.

Generalmente los grupos fracasan por una razón muy sencilla: que cada una de sus miembros reme en la dirección que más le convenga. Es por ello que hace falta una visión, un objetivo claro, fácil de seguir para todas. Tu voluntad, tu energía transformadora, ha de ser muy semejante a la de las demás. Primero, conócete a ti misma, cuando sepas bien que es lo que quieres, entonces podrás involucrarte en un grupo para el cual te reconozcas afín.

Únete a un grupo que te haga vibrar, que te complemente, con quienes rías y disfrutes, de quienes aprendas cada día; a quienes, aunque a veces te saquen de quicio, siempre tengas ganas de volver a abrazar.

Una vez exista una visión común, que a veces puede ser obvia (una peña ciclista se reúne para practicar ciclismo), la cosa será más fácil. Aunque siempre surgirán dificultades que solventar. Siempre habrá particularidades, pequeñeces con las que no acabes de estar de acuerdo, sutiles discusiones (y no tan sutiles), comentarios desacertados, satírica ironía, rumores, envidias… El grupo es el marco ideal en donde practicar la permisividad, la tolerancia, la autenticidad, la veracidad, la comunicación no-violenta, la escucha activa.

Cuando el grupo avance hacia una decisión que no compartas y, tras tus réplicas y contras, sigan mayoritaria o consensuadamente en tu contra, tendrás que revisar tus valores. Practicarás entonces la aceptación, para lo cual necesitarás fuerza, una de las tres virtudes. Tras la aceptación un pequeño remanso de paz se instalará en tu interior, tendrás la tranquilidad para dejar actuar a las demás. Los resultados del grupo será satisfactorios y tu habrás avanzado en tu realización personal.

Si la decisión del grupo sigue pareciéndote desacertada, si no eres capaz de aceptarla, recuerda de nuevo cuales son la visión y misiones por las que el grupo existe. Reflexiona, tal vez debas cuestionar si te encuentras en el grupo adecuado para ti. Quizás debas seguir buscando.

Cuando el grupo avance hacia una decisión que no compartes, pero sientes miedo de expresarte, o te sientes poco apoyada, o temes ser rechazada, o juzgada; tendrás que poner en práctica la segunda de las tres virtudes: el valor. No importa que seas la única opinión que este en contra, tu voluntad ha de ser expresada. Os puedo asegurar que en ocasiones todo el grupo tiende al error por la simple razón de no haber pensado o imaginado un argumento más correcto. Como en el clásico del cine: “Doce hombres sin piedad”, el grupo no podrá pasar por alto argumentos bien expresados, veraces y contrastados. Tendrán que debatirse. Los resultados serán satisfactorios y tu habrás avanzado en tu camino personal.

El pertenecer a un grupo tiene esta magia, esta fuerza, este poder de crecimiento y evolución, tanto social como personal. Las solitarios y esteparios lobas tal vez consideren intolerante esta efusividad ante el trabajo grupal; y harán bien. Todas tenemos derecho a la soledad. Pero no debemos olvidar que todas nacimos en el seno de un grupo: la familia, la aldea, la nación… Mucho tendrás que alejarte para vivir sin vecinas y… bueno, todas estamos dentro de un mismo planeta. Incluso al final, todas estamos dentro del mismo océano cósmico, en el que nunca dejaremos de remar.

Supongo que alguien se habrá quedado con la dudo de cual era la tercera virtud, así que me despediré compartiendo este antiguo dicho budista. Practicadlo tanto en grupo como en solitario.

“Solo pido al Buda tres virtudes: fuerza para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que si puedo, y sabiduría para saber diferenciar un caso del otro”.

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